Información: Carolina Chumpitaz | Katherine Carbajal es una sobreviviente de tentativa de feminicidio. El largo proceso de curar las heridas del rostro, el cuerpo y el alma.

Hace casi un año, el 24 de abril de 2018, la joven Eyvi Ágreda fue atacada en un bus en Miraflores por su acosador, que le roció combustible y le prendió fuego. El caso conmovió al país. El 1 de junio la joven murió producto de las quemaduras.

¿Qué dijo en su abominable defensa el homicida Carlos Javier Hualpa? Que su intención “no era matarla, sino desfigurarla”.

La palabra que repiten los feminicidas, y volvió durante la pesadilla de Eyvi, es “escarmiento”. Para esas mentes, la lección se aprende con la vida. Pero también con la destrucción del cuerpo.
Lo repiten psiquiatras y psicólogos. El mensaje escrito con sangre es: “si no eres mía, no lo serás de nadie. Y si quedas viva, nadie te volverá a mirar”.

Como en un patrón mortuorio, el 15 de octubre de ese mismo 2018 Katherine Carbajal (30) iba a su trabajo en transporte público.

“Era un lunes como cualquier otro”, recuerda, “me dirigía a mi trabajo hasta que tres paraderos antes de bajarme, él subió al mismo carro”.

Su expareja Ilidio Rodríguez (37) había intentado convencerla de retomar la relación. Ella siempre se negó. “Yo no iba a regresar con él”, cuenta entre lágrimas. “Me maltrataba y le hizo tocamientos a mi hija de 9 años”.

Rodríguez era enfermero. De su chaqueta de trabajo sacó un largo y afilado bisturí.

“Te voy a matar, esto no se va a quedar así”, exclamaba el agresor mientras le surcaba brutalmente la cara. Los pasajeros intervinieron y lo retuvieron a pesar que hirió a otra mujer más. Cumple ocho meses de prisión preventiva y enfrenta una pena de 15 años por tentativa de feminicidio.

Katherine fue la víctima del segundo ataque en un bus. A diferencia de Eyvi, sobrevivió.

DESFIGURAR Y MATAR
El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. La fecha es promovida por Naciones Unidas sobre todo para impulsar los avances en derechos e igualdad. Pero la situación motivó que se instaure otra fecha -25 de noviembre- como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

Las cifras frías son aterradoras de por sí. El país se encuentra en el sexto puesto en índices de violencia contra la mujer y feminicidios a nivel Latinoamérica. En lo que va del año se han reportado 23 feminicidios en el Perú. El año pasado cerró con el terrible récord de 149. Como si los agresores se rebelaran con sus crímenes ante los cambios culturales que pisan fuerte.

Pero detrás quedan las historias de las mujeres salvajemente agredidas, que salvan la vida pero deben recorrer un largo camino para recuperarla. Las operaciones pueden ser más de cinco. La terapia ayuda a curar heridas mucho más profundas. Un porcentaje no puede continuar y se quita la vida.

Basta una búsqueda en Google para toparse con noticias de los últimos días y semanas: Villa El Salvador, El Agustino, Puente Piedra, Juliaca, Chiclayo, Chorrillos, Callao, Los Olivos. Mujeres con el rostro desfigurado. Picos de botella, cuchillos, fuego. La pandemia es global. Los cotidianos ataques con ácido en Colombia y la India -aquí también es un “método”- tienen el mismo objetivo de anular, destruir, borrar a la mujer.

ODAS LAS CICATRICES
Por las noticias en los medios, Katherine llegó a la ONG Cabani Salud, fundada por el cirujano plástico Mario Cabani, graduado en San Marcos y especializado en Brasil. La organización ofrece a las víctimas de forma gratuita tratamientos psicológicos y cirugías reconstructivas y estéticas de rostro.

“Esas cicatrices para las víctimas son un constante recordatorio de injusticia”, explica Cabani, quien busca atenderlas apenas ocurrida la agresión. “El daño psicológico aumenta conforme pasa el tiempo”.

El próximo 15 de marzo Cabani participará en una conferencia en la Universidad Champagnat, en Surco, donde también expondrá el viceministro de Derechos Humanos y Acceso a la Justicia, Daniel Sánchez: “Víctimas de Violencia: Tipología, Intervención y Resiliencia”.

En solo dos años, la ONG ha atendido a más de 50 mujeres agredidas, lo que ofrece una idea de la magnitud del drama. En 2017 firmó un convenio con Flora Tristán.

Cabani, que además se dedica al ejercicio privado, anima a que los profesionales “dediquen su tiempo a estas personas que realmente lo necesitan”. No cobran ningún tipo de honorarios. “No nos interesa el dinero ni donaciones”, insiste. Las mujeres agredidas solo necesitan su copia de la denuncia policial para ser atendidas.

Otra paciente es Beatriz Montero (29). Sobrevivió a la tentativa de feminicidio el 24 de enero del 2018. Wilson Cañola (41), padre de sus 3 hijas, la atacó por la espalda con un cuchillo y le propinó innumerables cortes en la cara. “En ese momento lo único que le pedí a Dios es que no me dejara morir”, recuerda Beatriz con el llanto agolpado. Lo único que deseaba en ese momento era proteger a sus hijas. La idea de que se quedaran con el asesino era peor que la muerte. “Reza por tu madre, para que cuando se muera no vaya al infierno”. Cañola no consiguió suicidarse. No se encuentra exactamente en el infierno, pero cumple una sentencia de 18 años de cárcel sin opción a beneficios penitenciarios.

Desde el episodio sufre ataques de pánico pero, de nuevo, toma como impulso de superación ver a sus 3 pequeñas hijas, su motor en esta lucha constante.

Este viernes 8 decenas de organizaciones civiles marcharán en protesta de los 23 casos de feminicidio registrados en el territorio nacional. Y una presencia silenciosa será la de estas sobrevivientes.

Fuente: https://caretas.pe/sociedad/la-sanacion-de-katherine/